Kinmakirú reinterpreta “La Conquistada” de Los Jaivas como un acto de memoria, espiritualidad y continuidad generacional
Kinmakirú presenta su versión de “La Conquistada”, una de las canciones más emblemáticas del repertorio de Los Jaivas, en un lanzamiento cargado de simbolismo, memoria y profundidad espiritual. La publicación ocurre apenas un día después del histórico concierto de Los Jaivas en el Estadio Nacional de Chile, reforzando el carácter de homenaje y diálogo intergeneracional que atraviesa esta reinterpretación.
Disponible en todas las plataformas digitales, el single se convierte en el primer adelanto del próximo LP de Kinmakirú, programado para 2026. Este nuevo trabajo será un álbum conceptual articulado en torno al talismán ANKKI, símbolo de unión dentro de la cosmovisión del colectivo. En este contexto, “La Conquistada” funciona como una puerta de entrada a un universo sonoro donde música, territorio y espiritualidad dialogan de manera orgánica.
La elección del tema nace desde un vínculo íntimo y colectivo con la obra de Los Jaivas.
“Esta canción siempre nos acompañó en la vida, hacerla nuestra fue también un acto de homenaje y agradecimiento al legado de Los Jaivas”, señala Rodrigo Rodrigo, integrante de Kinmakirú. Para la banda, la canción conecta con nociones profundas de pertenencia, afecto y memoria, pudiendo leerse como un canto a un lugar, a una persona o a un recuerdo que persiste en el tiempo.
En lo musical, la versión propone un recorrido progresivo y emocional. El inicio es íntimo y despojado, sostenido por guitarra acústica y voz, inspirado en interpretaciones sencillas y poderosas de Gato Alquinta. Desde ahí, la canción evoluciona hacia un viaje sonoro expansivo que incorpora bombo legüero, sintetizadores, capas vocales, percusiones rituales, guitarra eléctrica y batería, además de atmósferas guturales características del sello Kinmakirú. Destaca también el diálogo instrumental entre piano y guitarra, reforzando la idea de tránsito y transformación.
El lanzamiento se acompaña de un videoclip grabado en las Dunas de Las Cruces, concebido como una performance entre música y danza. En él participan cinco bailarines —dos hombres y tres mujeres— y, en un momento clave, Osvaldo deja su instrumento para integrarse al cuerpo de danza, sellando la unión entre sonido y movimiento. La propuesta visual se construye desde una estética desértica, ritual y profundamente emotiva, amplificando el sentido espiritual de la canción.
El coreógrafo Lautaro Soto profundiza en la lectura conceptual del video:
“Siento que hay un concepto oculto en la música de La Conquistada, un grito de dolor y melancolía, de la pérdida de humanidad en tiempos oscuros de la historia personal y social. Pero también es una invitación a reconquistar esa humanidad a través del sentir y del amor”.
Con esta reinterpretación, Kinmakirú no solo rinde homenaje a una obra fundamental de la música chilena, sino que propone una experiencia artística integral que invita a la reflexión, la memoria y la reconexión humana.




